El fracaso de la utopía: Lomas de Angelopolis y la Vida en Trinchera

ARQUITECTURAURBANISMO

Aislinn María Córdoba Fernández

7/9/20269 min read

Cuando en 2024 me encontraba buscando opciones de terrenos accesibles en la zona metropolitana de Puebla para un cliente, no hubo forma de evitar realizar la visita obligada a uno de los conjuntos residenciales más reconocidos de la ciudad. Lomas de Angelópolis, en su momento, se había convertido en el símbolo clave de la movilidad social poblana, el ascenso a la exclusividad del suburbio “autosuficiente”, un imán para inversores privados y un terreno de juego para algunos despachos de arquitectura. Acababan de anunciar la ampliación de la tercera etapa del fraccionamiento, así como nuevos terrenos “para inversión accesibles”. Fue durante el recorrido por las nuevas “zonas” del fraccionamiento (el cual tomó más de quince minutos en vehículo), que pasamos por la única sección que permanecía inconclusa.

Me pareció curiosa porque al no tener construida la característica barda perimetral del fraccionamiento, daba vista plena a unas zonas de cultivo —mermadas por el rápido crecimiento del conjunto—coronadas por una choza de bloc de concreto, muy diferente a la tipología de residencias ubicadas a unos escasos metros. A la falta de la barda, la choza daba la impresión de pertenecer al desarrollo. Al notar mi mirada en la choza, el agente inmobiliario en turno, posiblemente malinterpretando mi curiosidad por disgusto, se apresuró en asegurarnos. “Vamos a levantar muros en cuanto podamos”—dijo con entusiasmo—“para que ellos no puedan ver lo que pasa adentro”.

Ese comentario quedó más plasmado en mi memoria que el motivo original de la visita—el famoso terreno. Porque reflejó, en esencia, los cimientos de los cuales se erigió Lomas de Angelópolis.

Hoy, el conjunto habitacional no cuenta ya con la exclusividad que se le había conferido en años anteriores. La clase media alta poblana, como ha hecho desde la incorporación de los fraccionamientos modernos en el siglo XX, ha comenzado a buscar nuevos centros residenciales, los cuales sepan venderse como diferenciadores de clase[1], mientras que la clase media y media baja, así como la clase trabajadora migrante, debe pagar el acceso al “lujoso y exclusivo modo de vida poblano” adquiriendo viviendas de baja calidad material, estética y espacial. Su zona comercial cuenta con poca afluencia semanal, y cuenta con pocos locales comerciales rentados. ¿Qué sucedió con la utópica promesa residencial? ¿Cómo un proyecto pierde el rumbo de una forma tan acelerada?

La respuesta la encontramos en una fórmula catastrófica: un proyecto nacido del desplazamiento de la población originaria, crecimiento urbano desmedido y no planificado, la promesa de una vida en suburbio desconectada de la ciudad, un estilo de vida catalogado como trincherista por la urbanista y crítica Jane Jacobs, el incremento de la inseguridad y la dependencia constructiva a un modelo de preventa que no ha cumplido con las espectativas.

[1] Angón, “Poblanos se mudan de Lomas a La Vista por perdida de exclusividad”.

Tranformar el ejido en plusvalía.

Lomas de Angelópolis nació del potencial. El proyecto venía desarrollándose desde los años 90s de la mano de la administración del gobernador Manuel Bartlett, quien cimbró las bases de la modernización poblana hacia el nuevo siglo. En conjunto con una serie de expropiaciones de hectáreas ejidales estratégicas,

Grupo Proyecta obtuvo los terrenos donde se albergaría el megaproyecto “comprándolo” a los pobladores originarios a, según un reporte de Forbes, treinta pesos mexicanos el metro cuadrado[1]. Aquellos indispuestos a renunciar a su patrimonio, “de repente”, quedaban encerrados entre las construcciones, se les limitaba el paso a sus terrenos, o sus documentos de propiedad “casualmente” no estaban en regla[2]. Para 2007, existían 100 litigios en contra de la empresa, que cayeron en oídos indispuestos a escuchar, puesto que el desarrollo prometía ganancias económicas importantes, así como la introducción de “una nueva forma de vida” para la clase media poblana.

[1] Andrade, “Lomas de Angelópolis, los daños detrás del éxito”.

[2] Horas, “Grupo Proyecta y su negro historial”.

El desarrollo era un híbrido entre el modelo de Ciudad Jardín de Ebenezer Howard y las famosas “gated communities” estadounidenses, donde existían clusters fraccionados conectados entre sí mediante mega avenidas que “integraban” ciclovías, áreas de juegos, parques y, sobre todo, acceso a un nuevo centro económico, corporativo y comercial llamado “Sonata”. El diseño urbano y la implementación de servicios que no habían sido proporcionados a las comunidades originales se llevarían a cabo sin contratiempos y dentro de los plazos establecidos para esta nueva zona. Agua, electricidad, equipamiento urbano e infraestructura fueron conectados al proyecto, incrementando así sus posibilidades de éxito. Finalmente —y hasta resulta lógico—, si Lomas hubiera sido un proyecto de iniciativa privada que no contara con la infraestructura necesaria para conectarse con la ciudad, no habría alcanzado el éxito que tuvo.

Lomas 1 y, hasta cierto punto, Lomas 2 fueron comercializados bajo una narrativa de exclusividad. Inicialmente, el crecimiento se mantendría concentrado en estas dos etapas, siguiendo un modelo similar al de su fraccionamiento vecino, La Vista, con una diferencia sustancial: la incorporación de nuevos centros comerciales y la promesa de traer “la ciudad dentro de la ciudad”. Quienes adquirieran una propiedad ahí tendrían al alcance supermercados de lujo, escuelas y universidades privadas, oficinas, centros comerciales y espacios de recreación para todas las edades.

Se planteaba así una especie de ciudad de 15 minutos, aunque desarrollada a partir de la comercialización y privatización del derecho a la ciudad. Irónicamente, estos beneficios estarían destinados única y exclusivamente a los nuevos habitantes. Aquellos que quedaban fuera del desarrollo —los pobladores originales de la zona— no tendrían ni los medios ni el acceso para siquiera asomarse y recorrer tranquilamente Sonata.

Morales (2017) "Plan maestro original de Lomas de Angelópolis" Fuente: ResearchGate.

Villegas (2023) "¿Qué había antes en Lomas de Angelópolis?" Fuente: El Universal.

Una vez implementado y comercializado el modelo, Lomas se convirtió en un éxito rotundo entre las clases medias que no tenían acceso a los fraccionamientos de lujo ni a las casonas de las familias de alcurnia de la ciudad, pero que buscaban diferenciarse, e incluso separarse, de las colonias donde habitaba la clase trabajadora.

Los diferenciadores no solo se reflejarían en el diseño del conjunto, sino también en la forma de construir las viviendas dentro de los lotes fraccionados. Los despachos de arquitectura contratados para estos proyectos inmobiliarios comenzaron a implementar un modelo residencial repetitivo y seguro: casas de dos o tres niveles, con pocas áreas verdes, siguiendo una paleta de colores asociada al “lujo”, compuesta por negro, blanco y marrón, contrastada con iluminación LED en tonos cálidos. Sobre todo, caracterizada por cajillos. Muchos cajillos.

La demanda fue tal que los planes de ampliación del desarrollo no se hicieron esperar. Lomas III, Parque Cascatta y proyectos aledaños como Nubia y El Carmen comenzaron a comercializarse desde la preventa, y la implementación “exitosa” de la ciudad amurallada otorgó a los compradores la confianza suficiente para invertir en este nuevo sector de crecimiento.

Aunque muchos arquitectos identificábamos problemas en Lomas —desde la homogeneización de la morfología urbana hasta la falta de conectividad con las áreas comerciales—, antes e incluso algunos años después de la pandemia, vivir en Lomas significaba, especialmente para los foráneos y la clase media, vivir en la exclusividad. Se formaron clubes, se establecieron gimnasios, antros, bares, restaurantes y corporativos, mientras se construían más y más clusters. Parecía que el ascenso de Lomas sería imparable.

"Tipología de VIvienda Típica de Lomas de Angelópolis" Fuente: Proyecto Bienes Raíces.

La inseguridad, el fraude, y la vida en trinchera.

En su libro Muerte y Vida de las Grandes Ciudades Americanas, la crítica urbana Jane Jacobs anticipó que el modelo de ciudad fragmentada y segregada eventualmente conduciría a una vida en trinchera: solitaria, desconectada de la comunidad y, paradójicamente, más insegura. Para Jacobs, lo que hacía segura a una comunidad era precisamente la presencia constante de personas en el espacio público, la vigilancia natural de la calle, un fuerte sentido de comunidad y la colectividad.

Asimismo, planteaba que levantar muros o bardas bajo la premisa de seguridad podía terminar generando un efecto contrario: convertir estos espacios en lugares más inseguros al eliminar la interacción y la presencia cotidiana en el espacio público.

Este fenómeno puede observarse en numerosos fraccionamientos y comunidades privadas dentro del país, no únicamente en Lomas. Sin embargo, resulta evidente que, después del auge, la novedad y la proliferación de este modelo individualista de vivienda dentro del complejo, sus habitantes comienzan a experimentar precisamente ese efecto rebote anticipado por Jacobs.

(2026) "Asalto en Lomas de Angelópolis" Fuente: El Incorrecto News.

Redadas, detenciones, asaltos, clausuras, agresiones, extorsiones, balaceras, robos a casa habitación, robo de autopartes, violencia intrafamiliar e incluso homicidios son algunos de los casos que han aparecido en las noticias durante los últimos años. Si bien sería necesario un análisis más profundo de las causas socioculturales específicas del sitio, resulta difícil no reconocer que Jane Jacobs anticipó este tipo de consecuencias hace más de sesenta años.

Un megaproyecto que no incorpora principios de urbanismo humanista y que ignora la importancia del uso mixto y de la calle como espacio público inevitablemente se vuelve vulnerable ante estas dinámicas. Una calle sin ojos es extremadamente frágil; un fraccionamiento completo lo es aún más, sin importar la cantidad de seguridad privada o mecanismos de control que se implementen.

Además, aunque la demanda continúa siendo alta, el objetivo inicial de Lomas como símbolo de exclusividad parece haberse diluido frente a la necesidad de incrementar la rentabilidad del desarrollo. Los terrenos son cada vez más pequeños, aunque esto no necesariamente se refleja en una reducción de precios; la calidad de los materiales de construcción parece ser cada vez más limitada; y las tipologías de vivienda se asemejan progresivamente a los modelos de vivienda en serie implementados por INFONAVIT a principios del siglo XXI.

El brazo más reciente de expansión, “Lomas 4”, incluso podría percibirse como un desarrollo independiente debido a la distancia que mantiene respecto a Sonata. Paralelamente, algunos compradores han denunciado retrasos significativos en la entrega de terrenos, problemas en procesos de cancelación de contratos y dificultades para recuperar pagos tras dichas cancelaciones. Basta revisar las reseñas públicas de Grupo Proyecta para observar la inconformidad de algunos usuarios.

Pareciera que el mismo desarrollo que en su momento capitalizó la especulación inmobiliaria ahora enfrenta las consecuencias de un modelo que busca sostener un crecimiento constante sobre una promesa de exclusividad cada vez más difícil de mantener.

"Denuncia por Fraude en Google Opiniones" Fuente: Google.

Lomas de Angelópolis representa, al final, una de las contradicciones más interesantes del urbanismo contemporáneo en México. Nació como una promesa de ciudad: un lugar donde todo estaría cerca, donde la seguridad estaría garantizada y donde las familias podrían acceder a una mejor calidad de vida. Sin embargo, esa promesa se construyó a partir de la separación, del control y de la idea de que la ciudad podía ser diseñada eliminando todo aquello que resultaba incómodo.

El problema es que la ciudad no funciona así. No se puede construir comunidad únicamente a partir de bardas, casetas de vigilancia y espacios privados de convivencia. Tampoco se puede vender la idea de una ciudad completa cuando gran parte de su funcionamiento depende de excluir aquello que ocurre fuera de sus límites.

Quizá Lomas no fracasó como producto inmobiliario. De hecho, sigue siendo uno de los desarrollos más exitosos de Puebla. Pero si lo analizamos como modelo urbano, las preguntas empiezan a ser mucho más complejas. ¿Qué sucede cuando la exclusividad deja de ser una característica y se convierte en el único argumento de venta? ¿Qué pasa cuando el crecimiento deja de responder a una visión de ciudad y empieza a responder únicamente a la lógica de la rentabilidad?

Más que un problema exclusivo de Lomas, este es un reflejo de la forma en que hemos permitido que se construyan nuestras ciudades. Hemos confundido seguridad con aislamiento, calidad de vida con privatización y comunidad con pertenencia económica. Y quizá el mayor reto no sea seguir construyendo nuevas versiones de la misma ciudad amurallada, sino preguntarnos por qué seguimos buscando vivir separados del entorno urbano que, inevitablemente, nos rodea.

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