¿Se puede asociar un color con una clase social? El verde menta, tendencias y reflexiones.
El color del año según la agencia de tendencias más relevante en México será el llamado "Sana Sana", una especie de verde mentoso que, en teoría, no debería tener conotaciones negativas. El problema, es que en México, el color verde menta se asocia a una clase social. ¿Qué fué lo que provocó esta asociación?
INTERIORISMOTENDENCIASOPINIÓN
Arq. Aislinn Córdoba
8/8/20266 min read


Recientemente, tuve el infortunio de encontrarme con una página de Facebook, de esas que se crean para conformar archivos de internet, llamada "Gente con Casas Verde Menta/ Azul Menta" (Figura1). Al adentrarme más a fondo en ella, encontré una serie de posts con fotografías de individuos, parejas o grupos en entornos domésticos, cuyo punto en común (y esto es más que obvio) era que las paredes están pintadas de verde menta. Si bien, es en sí es un simple recopilador de fotografías, y, en teoría, no tendría por qué tener implicaciones negativas, su razón de ser queda perfectamente ejemplificada si nos metemos a leer los comentarios.


Figura 1: "Portada de Página Gente con casas verde menta /azul menta". Fuente: Facebook.
Por supuesto, no podemos ser reduccionistas y asumir que la página recopila las imágenes con motivos racistas, o clasistas (aunque pueda sospecharlo, no tengo pruebas para sostenerlo), pero sí me permitió confirmar una percepción que se tiene del color verde menta, al menos en un país como México en redes sociales como TikTok: los espacios pintados de color verde o azul menta son asociados con la clase trabajadora, usualmente de bajos recursos, y, por lo general, lleva consigo las connotaciones que mencioné hace un momento (Figura 2).

Figura 2: "Comentario bajo post en la página". Fuente: Facebook.
Irónicamente, esto coincidió con que hace un par de días descargué el reporte de Tendencias para 2027 de TRENDOmx (la agencia de tendencias más relevante, y la que pareciera ser la más conectada con la realidad de México hasta el momento) donde establecieron que el color para el siguiente año será un verde mentoso llamado "Sana Sana" que, básicamente, es parte de la misma paleta cromática que las fotografías vistas en el grupo de Facebook.
Esto me llevo a plantearme la pregunta...¿Existe una asociación directa, comprobable y verificable entre el uso de un color (en este caso el verde menta) y una clase social?
Los colores en sí, como reflejo de la luz, como percepción visual y fenómeno físico, no cargan con ellos significado. Es el ser humano el que, con base en a sus experiencias, sesgos y trasfondos culturales el que se los asigna. A decir de Bourdieu en su ya famoso (y choteado) libro "Distinction: A Social Critique of the Judgment of Taste (1979)", la categorización de colores, texturas, estéticas y materialidades entre lo que es "de buen gusto" y lo que no, nace de un sistema establecido por las élites para no solo posicionar a su estilo de vida como "superior", sino para mantener la jerarquía social intacta. Eso quiere decir que, bajo Bourdieu, es perfectamente posible que la asociación del color menta con la clase trabajadora y de escasos recursos (como ejemplo la Figura 3 y 4) se establece a través de los constructos sociales y los paradigmas actuales.


Esto explicaría, entonces, la razón por la cual se relaciona al color verde menta con la vivienda de las familias de escasos recursos. De la mano con la categorización y monopolización del llamado "buen gusto", entendemos porque habría personas cuyos sesgos los llevarían a concluir que utilizar este color en sus espacios sería "de mal gusto".
La cuestión es que, al ser el color en tendencia, se ha empezado a ver aplicado en proyectos de interiorismo en revistas de alto prestigio a nivel global (Figura 6).
Y es ahí donde la narrativa debe ser cuestionada, puesto que, a pesar de que se podría argumentar que las tonalidades son diferentes, en realidad, pareciera que utilizar verde menta en tus proyectos es "de buen gusto" para el paladar tanto nacional como internacional.
Figura 5: "Placa que enmarca proyecto como Hecho por Solidaridad pintado con verde menta". Fuente: Reforma.


Figura 6: "Proyecto de remodelación en Los Angeles presentado por Architectural Digest en su artículo Inside an L.A. Guest Suite That’s Packed With Color—and Surprise". Fuente: Architectural Digest.
Históricamente, parece también haber otro trasfondo. Medrano (2025), junto con otros autores como Suárez (2023) y Guerrero (2026), el aumento del uso del color verde menta en las viviendas iría de la mano con el Programa Nacional de Solidaridad establecido por el presidente Salinas de Gortari en los años 90's, que, según estas fuentes, regaló galones de pintura en tonos verde menta a las familias de escasos recursos que participaban en el programa (Figura 5), y lo utilizó en varios proyectos de restructuración urbana en zonas marginadas. Aunque en redes se menciona mucho que la elección del color fue debido a que era "más barato que el blanco", no existe record digital que lo compruebe.




Figura 3: "Persona viendo la televisión en su casa". Fuente: Facebook
Figura 4: "Habitación de color verde menta". Fuente: Facebook
Las tendencias, como el buen gusto, son entes cambiantes. Un día, se puede determinar que un color representa "precariedad, pobreza y falta de higiene", y al otro, se convierte en "intrépido, audaz y atrevido, lleno de vida y digno de aparecer en proyectos de interiorismo de alta gama" ¿Cómo reconciliamos estas narrativas, este switch? ¿Por qué uno es estigmatizado, juzgado y utilizado de manera peyorativa, y por qué el otro se vuelve el color del año? (Figura 7, 8, 9 y 10).




La respuesta es simple. Una familia de escasos recursos no cuenta con los medios para dar mantenimiento constante a una pintura que probablemente tenga poca resiliencia al paso del tiempo, así como tampoco pueden darse el lujo de adquirir mobiliario que haga contraste o que esté en armonía con el color. Las fotografías, además, no fueron tomadas por fotógrafos profesional, que determinen la mejor hora y el mejor ángulo para capturarlas, o que estilicen, curen y editan la fotografía para hacerla digerible a una audiencia concreta. La diferencia radica en que para que el color funcione, existen gastos y procesos ocultos que involucran diseñadores, arquitectos, interioristas y directores creativos, a los cuales la clase trabajadora no puede accesar.
Fuera de los gustos personales (a mí no me gusta el color, por muy curado y armonioso que se vea en las fotografías), es importante: primero, cuestionar nuestra percepción del uso de los colores y dejar de adjudicar, en medida de lo posible, presunciones relacionadas con la raza y la clase a una tonalidad; y segundo, aceptar que la realidad del interiorismo en nuestro país no solo radica en las tendencias globales o en las revistas de arte y arquitectura, sino en el modus vivendi de la mayoría de la población, para de ahí adoptar un lenguaje que la reconozca, sin romantizar la precariedad.






